Allá por 2016 y a sus 17 años, Valentina Avetta presentó una idea para un certamen de innovación y ganó para sus compañeros una herramienta hoy invaluable durante el aislamiento por la pandemia de coronavirus: un aula virtual. Pero lejos de las recompensas, la entonces adolescente se inspiró ante la falta de un instrumento que pudiera controlar la cadena de frÃo de la insulina en uso, medicamento al que se le debe prestar especial atención porque debe conservarse entre los 4° y los 8°C cuando está cerrada y hasta los 30° una vez abierta.
Hoy, a sus 21 años, presentó el primer prototipo de un sensor termocrómico (cambia de color con el aumento de la temperatura) que identificarÃa en qué momento se pierde el frÃo y la insulina se vuelve inocua. Con su carrera avanzada de Bioingenieria en la Universidad Nacional de Entre RÃos, también fue convocada como jurado para la nueva edición del programa Samsung Soluciones para el Futuro, que volvió a lanzarse el 1 de julio de 2020. El concurso, que ganó en aquel entonces, busca potenciar el compromiso de los jóvenes a encontrar soluciones cientÃficas a problemas cotidianos.
Valentina contó a Ãmbito que la idea surgió porque ella está dentro de los 400 mil argentinos insulinodependientes, cifra que se extrae de la Federación Mundial de Diabetes. AquÃ, su historia, el recorrido que hizo hasta este primer modelo de sensor y sus expectativas a futuro.
¿Cómo se te ocurrió avanzar en el primer sensor termocrómico para controlar la cadena de frÃo de la insulina?
Valentina Avetta: Yo tengo diabetes tipo 1, soy insulinodependiente. Y la fuente de inspiración vino de unas vacaciones con mi familia a mis 15 años. Estábamos en una playa donde hacÃa mucho calor y me empecé a sentir mal. Pensé que la glucemia estaba muy alta porque habÃa comido de más, pero eso podÃa pasar por distintos motivos. Después de que descarté la dosis de insulina, me sentà mejor y asà llegué a la conclusión de que la insulina habÃa perdido la cadena de frÃo por las altas temperaturas. A raÃz de eso me pregunté por qué no existÃa algún sensor que me indicara cuando eso pasaba para asà no estar tanto tiempo atribuyéndole otras causas a la glucemia alta. La idea era desarrollar un indicador que con un cambio de color ya te mostrara que el problema estaba ahÃ. Pasaron dos años y a los 17 presenté la idea.
¿Existen ya sensores que cumplan una función similar?
V.A.: Hay sensores electrónicos que podrÃan aplicarse pero son costosos. Después también hay sensores termocrómicos, pero en su gran mayorÃa son reversibles, es decir, si baja la temperatura vuelve a cambiar de color, lo cual no sirve como indicador de pérdida de la cadena de frÃo. Por otra parte hay otros que son irreversibles pero a temperaturas más elevadas, es decir 35° 40° 60° u 80°. No hay para temperaturas más bajas.
¿Cómo funciona tu prototipo y qué camino realizó desde que presentaste la idea en 2016?
V.A.: El prototipo que tengo ahora es un indicador chiquito con compuestos termosensibles que hacen que cambie de color a los 30°C. Precisamente es un papel que pasa de blanco a rojo cuando supera esa temperatura y una vez que se tiñe la superficie no vuelve a su color original. Desde que arranqué el proyecto pasé por un montón de métodos para hacerlo, porque mi idea era tener un modelo muy económico y que fuera fácil de hacer. Asà fui pasando por muchas hipótesis, algunas que llegaron a la etapa de experimentación y a otras que descarté tan sólo con leer la teorÃa en papers.
¿Cuánto faltarÃa para que esté disponible y qué costo pretendés que tenga?
V.A.: Esos son procesos que llevan tiempo y dependen de varias cuestiones. Una es cuándo lo voy a tener listo para que funcione en condiciones de la vida diaria, porque mi modelo funcionó en el laboratorio por un delta de tiempo de 5 minutos. Otra cosa distinta es que ese tipo de resultado se mantenga estable, por ejemplo por dos años. Pasar de condiciones de laboratorio a vida real lleva su tiempo de por sà y después también está el tema de regulaciones, porque el ente regulatorio pide reunir muchos requisitos. Pero cuanto antes esté, mejor. Y en materia de costos, el prototipo que yo hice cuesta solo en materiales 0,001 centavos de dólar por sensor. E irÃa un sensor por cada pen o lapicera de insulina de un solo uso.
¿Haber ganado el concurso te impulsó a estudiar BioingenierÃa?
V.A.: La carrera ya la tenÃa decidida, pero lo que sà me impulsó haber ganado Samsung Soluciones para el Futuro fue creer que la idea que yo presenté tenÃa potencial. En un principio pensé que presentaba la idea y terminaba ahÃ, pero tras el resultado me dije que tenÃa que seguir. Además de conocer a mucha gente que me ayudó en el proceso, la relación con la compañÃa siguió y ya por fuera del concurso, Samsung hizo una donación de equipos de laboratorio que hoy están en la Facultad de IngenierÃa de la Universidad Nacional de Entre RÃos, donde estudio. Con eso ya supe que podÃa profesionalizar los experimentos, hacerlos “de verdadâ€, porque antes los hacÃa en otros laboratorios y algunos en mi casa. Además, en ese contexto puedo estar en contacto con un director de laboratorio que también me ayuda.
¿Cómo fue hasta hace poco tu dÃa a dÃa en el laboratorio y cómo es hoy con la pandemia?
V.A.: Antes de la pandemia iba siete horas semanales siempre dependiendo de exámenes. Pero cuando no cursaba o en vacaciones podÃa quedarme todo el dÃa. Ahà tengo un espacio donde hago los experimentos. Hoy con la pandemia eso se complicó. En principio la decisión de la facultad era que solo podÃan ingresar aquellas personas que hacÃan actividades relacionadas con el coronavirus, por ejemplo en el laboratorio tenemos impresoras 3D donde hoy se imprimen máscaras. Yo además no podÃa ir por ser paciente de riesgo. Pero hace dos dÃas fui al laboratorio a buscar algunos equipos y muchos experimentos en marcha. Me los traje a mi departamento, donde armé un mini laboratorio.
¿Cuáles son tus planes a futuro tanto con este proyecto como con otros?
V.A.: Con este proyecto lograr que las condiciones de laboratorio lleguen a condiciones reales, con el objetivo que en algún momento cumpla su propósito de que esté en las insulinas, para que la persona insulinodependiente tenga la seguridad de que su medicamento esté bien con respecto a la temperatura. Pero más allá de mi sensor, hay un montón de formas de alcanzar este objetivo: uno de los pasos es instar a que los entes regulatorios y las farmacéuticas dejen un poco más claro en los prospectos cuáles son las condiciones de almacenamiento de la insulina. Porque cuando me puse a investigar más sobre este tema, noté que hay muchas inconcordancias entre diferentes paÃses y compañÃas. Incluso un paper que se publicó este año las reconoce. Entonces estoy escribiendo mails a las farmacéuticas y a los entes para que esa información pueda figurar en los prospectos médicos de manera más consistente, porque hoy lo único que figura es que la insulina debe mantenerse por debajo de los 30°C una determinada cantidad de dÃas, pero eso también depende si la usas en infusores o en una lapicera. Y mis planes a futuro son terminar la carrera en 2 años -ahora estoy en mi cuarto año- y después hacer un doctorado o seguir por el ámbito del emprendedurismo. Tal vez hasta fundar algún laboratorio que apunte a que distintas herramientas puedan llegar a la realidad diaria de las personas mucho más rápido.
¿Qué te dejó este camino recorrido?
V.A: Gané Soluciones para el Futuro en 2016 y el año pasado fui jurado. Este año me volvieron a invitar. Y eso es algo que considero muy valioso, porque ver la iniciativa desde dos perspectivas diferentes está genial. Captás distintos puntos de vista y creo que se aprende más evaluando que participando, podés aprender mucho de los chicos y de sus proyectos.
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