Dolores | COMUNICADO DE LA SECRETARÃA DE SEGURIDAD SOBRE NOTICIA FALSA
Confesiones de un dealer: "A los chicos los podés estafar con basura"
Se llama Nicolás y desde hace 15 años frecuenta el ambiente de la electrónica. Acaba de cumplir condena por venta de éxtasis.
La leyenda es conocida en el mundo del hampa y de la noche porteña: hace unos años, un hombre ingresó al penal de Devoto por tráfico de pastillas de éxtasis. La noticia de su detención habÃa salido en noticieros y diarios. Los policÃas hablaban de meses de investigación, de la peligrosidad de la banda, del laboratorio donde fabricaban la peligrosa droga.
A los tres meses, la carátula de tráfico de estupefacientes se cambió a estafa, un delito excarcelable. Los estudios quÃmicos de las pastillas secuestradas determinaron que no contenÃan droga ni sustancias prohibidas. El narco detenido no era narco; era un estafador que vendÃa pastillas al por mayor. Las mismas que luego, varias manos de por medio, consumÃan los jóvenes en las fiestas electrónicas.
El que cuenta la leyenda se llamará, solo para esta nota, Nicolás. La escuchó en una cárcel federal, donde cumplió una condena por tráfico de éxtasis, y en la noche electrónica, donde va a bailar desde hace más de quince años. Habla con ClarÃn sobre una avenida porteña. Y dice que el narcotráfico cambió cuando cambió la gente que consume música electrónica. “Antes era un ambiente más bien underâ€, asegura. “HabÃa cultura electrónica: de música y de droga. La gente sabÃa qué escuchaba y qué consumÃaâ€.
Mirá también: Cómo vendÃan las pastillas dentro de la Time Warp
Nicolás, bebiendo una cerveza extranjera, enumera el primer after de música electrónica y una discoteca histórica donde la entraba incluÃa una pastilla de éxtasis. A las bandas de narcotraficantes colombianos que enviaban, desde Buenos Aires, cocaÃna a Europa y recibÃan, a la vuelta, desde el viejo continente, pastillas de éxtasis, cuestión de que el negocio rindiera aún más. Fue una época dorada para el ambiente electrónico: era la gente de siempre, que tenÃa espacio para bailar cómodamente y podÃa consumir una droga de calidad en un buen ambiente.
“Cuando cambió la gente, cambió la drogaâ€, resume Nicolás, y los amigos que lo acompañan, que van a fiestas electrónicas desde hace más de diez años, asienten. “Llegó un momento en que el ambiente se llenó de pibes que no tenÃan nada que ver con la electrónicaâ€, confÃa uno de ellos. “Gente de la bailanta, de los boliches de rock, de todos lados, que nada sabÃan de música electrónica. Que iban solo a drogarseâ€.
Y ese cambio, dice Nicolás, fue aprovechado por algunos narcos argentinos. Que sacaron conclusiones: ¿para qué seguir corriendo riesgos trayendo pastillas desde Europa si podÃan hacerlas, de menor calidad y con una inversión mucho menor, en Argentina? Total, creÃan, el público que estaba copando las pistas de discotecas y fiestas electrónicas poco sabÃa sobre los efectos de las pastillas de éxtasis.
“Algunos narcos buscaron que las pastillas ‘peguen’â€, confÃa Nicolás. “Empezaron a meterle de todo: cocaÃna, aseptobron, lo que se les ocurriera que hiciera un efecto en el que las tome, siempre a bajo costo. El objetivo dejó de ser vender un buen producto, si no algo que haga efecto. Un efecto cualquiera, total la mayorÃa de la gente que las consumÃa no tenÃa la cultura de ese tipo de drogasâ€.
AsÃ, con los años, el ambiente se fue separando. Los amantes de la electrónica que vivieron aquella vieja primera etapa, hoy, esquivan las discotecas como Club One o Pacha y las fiestas masivas. Prefieren juntarse en alguna casa o quinta a las que solo pueden ingresar sus invitados, todos conocidos. Por lo general, alguno de ellos es DJ y pasa música, y el que quiere consumir pastillas las compra durante la semana, a su dealer de confianza. “También hay algunas discotecas que no hacen tanta publicidad y siguen con el ambiente de siempreâ€, agrega uno de los amigos de Nicolás.
Ya son cerca de las 22 horas del viernes y por la avenida del bar pasa un micro de escolares, de los que llevan a adolescentes a algún festejo o evento. Algunos gritan desde las ventanillas y uno de la mesa, amigo de Nicolás, responde: “las pastillas azules no, ehâ€. Todos se rÃen y sale, otra vez, el tema del éxtasis. Que una pastilla debe tener 120 miligramos de MDMA. Y la “Súperman†suele tener 140. Que es muy notoria la diferencia entre la pastilla que llega de Europa y la que se fabrica en Argentina. Que los narcos, cuando tienen algo de buena calidad, como todo empresario, estipulan: venden una cantidad, luego guardan un resto por un tiempo, para venderla a mejor valor después de semanas de solo introducir drogas malas.
“Hoy en dÃa son muy pocos los narcos argentinos que fabrican drogas sintéticas; sobran los dedos para enumerarlosâ€, dice Nicolás. “Hay poco mercado: el tráfico es fuerte en Buenos Aires y Rosario; más atrás viene Córdoba y termina ahÃâ€. Para esta fecha del año (marzo-mayo) es cuando más se produce, por la cantidad de fiestas masivas que hay. Y en las calles hay pastillas de todo tipo de calidad. Algunas de ellas deben haber sido consumidas por los muertos e internados en la Time Warp.
“El verdadero negocio narco está en la venta mayoristaâ€, se comenta en la mesa. “Los que venden en boliches son pibes que lo hacen para zafar los gastos de la nocheâ€, confÃa otro. Y lo justifica: el dealer que vende en fiestas gana cerca de cincuenta pesos por pastilla. Para recuperar el dinero de su entrada tiene que vender 12 pastillas. Para consumir un champagne, otras 12 más. Para consumir juntar los gastos de dos pastillas que toma, seis más. ¿Cuántas debe vender para que le queden, limpios, por noche, cuatro mil o cinco mil pesos? No es un negocio redituable. Además, sufren robos o apretadas de patovicas que les quitan las pastillas. Es que el ambiente se llenó de barras bravas, ladrones, ex convictos y narcos de otras sustancias. Y muchas veces, a la salida, hay asaltos: de ladrones que asaltan a los que venden (a veces hasta haciéndose pasar por policÃas de civil), o de ladrones que le exigen, a punta de pistola, las cadenas de oro a jóvenes que se las compraron con dinero robado. En marzo pasado, Luis Bravo (24) fue asesinado a la salida de un after sobre la Avenida Córdoba. El motivo habrÃa sido un robo de cadenas de oro de la vÃctima a sus atacantes, semanas atrás. Después, Nicolás concluye: “hoy, el ambiente de la bailanta está mucho más tranquilo que el de la electrónica. ¡Olvidate!â€.
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