París supera el peso del legado y encuentra su propio lenguaje
Se oye un eco de gemidos. Las modelos aparecen en un escenario central enmoquetado. Las paredes de cristal que zigzaguean en el espacio reflejan las siluetas que caminan despacio, luciéndose, haci...
Se oye un eco de gemidos. Las modelos aparecen en un escenario central enmoquetado. Las paredes de cristal que zigzaguean en el espacio reflejan las siluetas que caminan despacio, luciéndose, haciendo gestos, apoyándose en las paredes. Los gemidos continúan y van in crescendo. Son gemidos de mujer. Las siluetas se van ciñendo al cuerpo, cada vez menos capas de ropa. Ahora los gemidos son de hombre. El ambiente es sensual y oscuro, la colección que este miércoles presentó Tom Ford bajo la dirección creativa de Haider Ackerman desprende un erotismo tenso, que resulta distante e íntimo al mismo tiempo. La colección de Ackerman desmonta la premisa de que el deseo carnal se basa en eso, en la evidencia de la carne. Los juegos de seducción con prendas ajustadas al cuerpo, con sastrería precisa, transparencia, lencería y trench, los batines y vestidos rojos que daban paso a una parte final de bodies negros de inspiración BDSM, que quizás, al revelar la extrema delgadez de las modelos fue la parte menos erótica del desfile.
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