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En 1923, la construcción de Villa Noailles marcó un nuevo rumbo para la ciudad costera de Hyères. Descendiente del Marqués de Sade, musa del surrealismo y una esteta insaciable, su propietaria, la aristócrata Marie-Laure Henriette Anne Bischoffsheim, más conocida por su apellido de casada en el título nobiliario de vizcondesa de Noailles, estableció en este pueblecito de la Costa Azul su deseo de crear una casa tan imponente como cómoda pero, sobre todo, adelantada en su tiempo. Si su planta racionalista ya secundaba la innovación estructural de la escuela Bauhaus, el por aquel entonces desconocido arquitecto Robert Mallet-Stevens ideó en su interior una pionera relación con la vivienda para la época, con instalaciones tan revolucionarias como la primera piscina cubierta de Europa en la azotea (una zona deportiva prolongada en la pista de squash o su gimnasio privado), un jardín cubista con esculturas de Brancusi y Giacometti o el capricho de un salón totalmente rosa sin ventanas.

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