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Responde por poliéster y es el amianto del armario. Un problemático secreto a voces que, a diferencia de las tendencias, resulta inmortal. Cierto que marcas y diseñadores se desviven por remediar la situación, alardeando de colecciones que llaman conscientes o éticas, pero la realidad es tozuda. Según la organización internacional Textile Exchange, la producción mundial de fibras ha escalado hasta un récord de 132 millones de toneladas anuales, un monumental vertedero en potencia del que el poliéster reclama el 59% del pastel. Cerca de 78 millones de toneladas de polímero fósil al año. Solo esta forma de plástico derivada del petróleo firma el 43% de las emisiones de gases de efecto invernadero de todo el sector textil.

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