Escuchar artículo

La semana antes del estreno, una amiga me remitió al estudio de una diseñadora de moda joven e independiente, Rachel Antonoff, para que allí me prestasen algo de ropa de cara a las diversas entrevistas que tenía por delante. Rachel era una persona encantadora del sur de Manhattan que hacía vestidos retro de marinera, vestidos de gala sin tirantes de lamé tornasolado y pantalones cortos estampados de satén con blusas plisadas a juego. Era justo el tipo de vestimenta que me llamaba, divertida, un poco cursi, pero firmemente femenina.

Seguir leyendo