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Koral Antolín evoca una infancia nómada y, sobre todo, llena de libertad: nació hace 37 años en Calella de Palafrugell, luego vivió en Candeleda y Talavera de la Reina. “Mis padres quisieron que tuviéramos la libertad de poder estar en un sitio sin coches, una infancia en un pueblo, esa libertad me ha marcado”, explica en su estudio del barrio madrileño de Malasaña, un espacio de techos altos y paredes blancas en las que muestra algunas de sus obras, siempre con el tejido como protagonista.

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