Una quinta portuguesa, mucha cerámica y secretos históricos: cómo Ximena Maier dejó la ciudad para pintar azulejos en el campo
Ximena Maier nació en un quinto sin ascensor de la calle Mayor de...
Ximena Maier nació en un quinto sin ascensor de la calle Mayor de Madrid. “Hacía esquina con Factor y la ventana de mi cuarto daba a Poniente, siempre me sentaba ahí a ver la puesta de sol, después de Barrio Sésamo. Creo que por eso me gusta mucho ver la línea del horizonte, y también me ayudó a pensármelo bien antes de salir de casa, porque no se suben tantas escaleras así como así. Por eso soy muy casera”, cuenta la ilustradora. Acaba de llegar a su ciudad natal desde el Alentejo portugués, todo un cambio de ritmo. Allí vive en el campo, en una quinta cerca de Évora, donde se instaló hace 11 años, tras un lustro en la nubosa Aberdeen (Escocia). En Una casa portuguesa (Lumen) escribe que ha pasado “de urbanita a quintaneira, de ilustradora a ceramista, de la nada a jardinera”. Y ese giro vital iniciado a los 44 años (ahora tiene 50) es clave en su libro, un diario ilustrado de una mudanza y una reforma llena de imprevistos, pero también del descubrimiento de una pasión: los azulejos y la pintura en cerámica.
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