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En 1975, la escritora y filósofa estadounidense Susan Sontag escribió para Vogue un ensayo acerca de la belleza de la mujer desde un punto de vista feminista. En él, parte de términos socráticos y analiza el significado de esta cuestión para los antiguos griegos, pero también la forma de percibir el atractivo femenino en esa época que resulta pertinente más de 50 años después. En A Woman’s Beauty–A Put Down or Power Source, hace referencia a una cuestión contemporánea con respecto a la forma de estudiar la apariencia de las mujeres: el juicio basado en la fragmentación y la inspección de cada uno de los rasgos físicos: “Ellas son educadas para ver sus cuerpos en partes, y para evaluar cada parte de forma separada. Senos, pies, caderas, cintura, cuello, ojos, cutis, cabello, y así. Cada uno es sometido a menudo a un irritable y desesperado escrutinio”.

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