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Cualquier imagen de moda se consume en segundos, pero bien es sabido que esconde semanas —incluso meses— de trabajo detrás: casting de modelos, alquiler de estudio, estilismo, maquillaje, peluquería, iluminación, localizaciones, transporte de prendas, equipos creativos, fotógrafos, asistentes, retoque y edición. La moda ha construido durante décadas su imaginario a partir de esa maquinaria de la que participan y dependen decenas de puestos de trabajo y que es el resultado de un proceso creativo, pero también físico, a veces lento y casi siempre caro. Ahora, la inteligencia artificial (IA) amenaza con romper el engranaje. Es posible generar una campaña de moda, una fotografía para e-commerce y hasta la portada de una revista en cuestión de minutos. El potencial ahorro en recursos y costes es evidente para las empresas, pero el debate respecto a la creatividad humana, la autoría, el valor y la supervivencia de ciertos oficios está servido.

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