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Si hay una melodía que define a Costa da Morte, más allá del estruendo del Atlántico, es el golpeteo seco y alegre de los bolillos. Cuenta una de las leyendas que el encaje de Camariñas llegó precisamente por mar, que un barco italiano naufragó frente a la playa y una de sus supervivientes, para agradecerle a las mujeres de la zona los cuidados, compartió con ellas este arte tan peculiar. Existen muchas teorías sobre su origen, pero si hay algo incuestionable es que las palilleiras llevan tejiendo durante siglos la identidad de la costa, convirtiendo el encaje en mucho más que un oficio.

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