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Hasta el cielo ardía en cine. El miércoles, pasadas las ocho de la tarde, cuando Dior presentó por primera vez una colección crucero de su estrella, el diseñador Jonathan Anderson, el horizonte de Los Ángeles pintaba retazos de rosas, naranjas, violetas. Anderson quería cine, puro cine, con estrellas de Hollywood, vestidos dramáticos, brillos, flores y satén, champán y cemento, coches y flashes. Nadie puede dudar que lo logró. Hasta el cielo le acompañó.

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